OFERTAS PÚBLICAS DE ADQUISICIÓN (OPA):
AMISTOSAS Y HOSTILES
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De exclusión: Cuando una sociedad ha decidido, por el motivo que sea, dejar de coti-
zar en Bolsa, sus acciones deben ser excluidas siempre mediante la contraprestación
en metálico a todos sus accionistas.
En líneas generales, la voluntariedad rige para los inversores a la hora de acudir a una
OPA, mientras que la transparencia informativa es el pilar sobre el que descansa el edificio
normativo con respecto a este tipo de operaciones. De hecho, el plazo de aceptación no
puede ser inferior a 15 días ni superior a los 70, según la normativa vigente en España, y las
órdenes de aceptación podrán ser revocadas en todo momento hasta el último día hábil.
Sin embargo, cuando existe más de una OPA sobre la misma compañía, los inversores
pueden presentar órdenes múltiples indicando el orden de preferencia si la OPA tiene la
finalidad de excluir a la compañía de cotización, lo que siempre se recalcará en la Comuni-
cación de la misma, en el sentido de recordar la situación a la que se pueden enfrentar los
accionistas que no acudan a este tipo de ofertas: menor flujo informativo sobre su inversión
y pérdida de liquidez.
Los motivos principales que desencadenan el lanzamiento de una OPA tienen que ver con:
El inicio de procesos de expansión nacional o internacional.
La posibilidad de eliminar competidores del mercado.
Como resultado de un proceso de consolidación en el sector.
Como estrategia para el crecimiento inorgánico de la compañía.
Para acometer la diversificación del negocio.
Para elevar la partición de la empresa en el mercado.
Tomar posición en la empresa para influir en su gestión y proceder a su venta posterior.
En este sentido, no hay que olvidar que los accionistas que acceden a vender sus ac-
ciones pueden tener necesidades de liquidez, prever dificultades en el sector o en la propia
empresa que desemboquen en el cierre de la misma o, incluso, apostar por la supervivencia
de la marca en cuestión. Mientras que el comprador trata de obtener seguridad en su inver-
sión y se mueve más por motivos relacionados con la ambición y el desafío que conlleva
toda ampliación de un negocio.
Según informes en la materia, en España fracasan, por diferentes motivos relacionados
con las luchas de poder entre los accionistas mayoritarios, tres de cada cuatro fusiones. Es
un hecho, por tanto, que las opas hostiles, preámbulo de muchas de estas operaciones de
consolidación, son rechazadas. No en vano, la lanzada en el año 2000 por la portuguesa
Barbosa & Almeida sobre su competidor español Vidriera Leonesa, Vilesa, fue una excep-
ción que confirmaba la regla. Los fracasos abundan en el mercado como la de Gas Natural
sobre Endesa, o la frustrada antes sobre Iberdrola también de Gas Natural.
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