COMUNICACIÓN FINANCIERA:
TRANSPARENCIA Y CONFIANZA
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sociedad obtiene con la divulgación de este tipo de informaciones es la reducción de la
distancia que media entre el valor de una compañía y lo que el mercado percibe de ella, con
su consiguiente atribución de precio. En consecuencia, cuanto mayor sea el conocimiento
de la empresa, más se reducirán las incertidumbres de los inversores y las discrepancias en
torno al valor.
En la práctica, la Comunicación Financiera dejó atrás la distinción entre acciones regla-
das y voluntarias, al adquirir conciencia los directivos -por los propios mecanismos del mer-
cado- de la importancia que tiene generar información propia y atender con ello aspectos y
demandas complementarias de los inversores.
La transparencia no debería ser considerada como una mera cuestión coyuntural, so-
metida a vaivenes circunstanciales, sino que constituye un verdadero dogma de aplicación
permanente en el ámbito de la Comunicación Empresarial y Financiera, al ser un elemento
fundamental para dar valor a las empresas en los mercados. Dar cuenta al mercado de lo
que hace la empresa y por qué lo hace, informar con detalle sobre todas las cuestiones
que afectan al presente y al futuro de las cotizadas no es una cuestión voluntaria. Estamos
hablando de una transparencia obligada, porque la ley lo exige, pero también de una trans-
parencia deseada, porque sin ella los inversores desconfían, y, precisamente, entre una y otra
está el posible incremento de valor.
Hoy nadie discute que la Comunicación Financiera es un factor clave en la creación de re-
putación de las empresas y en la generación de valor, así como el hecho de que la imagen cons-
tituye una variable, a menudo decisiva, en cualquier proceso financiero. Máxime cuando dicha
Comunicación, en gran parte de las operaciones, alcanza una dimensión internacional y cuando
la identidad corporativa de las grandes compañías y su adhesión a objetivos de Responsabilidad
Social, por ejemplo, afectan también directamente a sus expectativas de índole mercantil.
1.4
El valor de los intangibles
En mercados tan competitivos como los financieros, en los que se produce una gran
similitud entre diversas ofertas en concurrencia, el hecho de que un inversor se sienta sa-
tisfecho con su decisión de invertir y opte por hacerlo en una determinada compañía no
siempre depende de una mera cuestión de cifras frías y de cuantificables expectativas de
retorno. Hoy en día crece y se consolida una actitud más sensible y receptiva hacia otros va-
lores, en la línea de que ya no se trata sólo de ganar el mayor dinero posible, sino de hacerlo
de forma razonable y de “sentirse bien” con la decisión adoptada. A ello atiende y responde
la tendencia surgida entre algunos teóricos de la gestión empresarial de alentar un creciente
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