COMUNICACIÓN FINANCIERA:
TRANSPARENCIA Y CONFIANZA
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gran éxito antes del problema que le asediaba, gestionaba la empresa con la mejor voluntad
y buscando lo mejor. ¡No iba a perjudicarse a sí mismo voluntariamente! Pero, y ahí está su
gran error, no lo hacía con transparencia, actuaba sin tener en cuenta que la empresa no era
sólo de él y que todos los socios tenían derecho a conocer sus decisiones y a compartirlas.
El mercado le castigó.
Una de las necesidades más claras de toda empresa cotizada o de cualquier otra que
necesita acudir a los mercados para financiarse es mantener unas buenas relaciones con
inversores y accionistas. Por eso, el primer objetivo de un trabajo de
investor relations
es dar
a conocer la empresa y mantener permanentemente informados a inversores y accionistas
sobre las noticias que vaya protagonizando. Las buenas, para que se conozcan con deta-
lle; y las malas, para justificar su causa y explicar las soluciones que se han adoptado para
minimizar su impacto en los resultados de la empresa. Aunque a menudo los directivos de
compañías sean reacios a hacerlo, las empresas están obligadas a contar también las ‘malas’
noticias al mercado. Hay que tener en cuenta que, al final, los números, las cuentas de resul-
tados que hay que presentar periódicamente, van a hablar por la Compañía.
Para que la difusión de información sea eficaz, los pasos necesarios son sencillos: identi-
ficar a los receptores, elaborar una información clara y comprensible y transmitir las nove-
dades tomando la iniciativa y a tiempo. Además, estar abiertos al diálogo con los inversores.
Es decir, escuchar sus dudas, contestar a sus preguntas, realizar un ejercicio de transparen-
cia continuado y no sólo con motivo de sus intereses puntuales.
Este diálogo, al que las grandes compañías están ya acostumbradas, plantea, sin embar-
go, un reto importante para las más pequeñas o las que han accedido a la Bolsa reciente-
mente. Muchas de estas empresas tienen una procedencia familiar o personal, y su cultura
corporativa está más próxima a la discreción que a la transparencia. Pero los empresarios
deben ser capaces de cambiar su mentalidad y adaptarse; no valen ya los comportamientos
pretéritos, y en Bolsa las disculpas fiscales, de competencia, etcétera, no sirven porque la
información tiene que conocerla el mercado.
Los dos grandes objetivos que deben perseguir unas buenas relaciones con inversores
son captar nuevos accionistas y fidelizar a los actuales. Para ello, es importante conocer el
perfil de los accionistas de nuestra empresa y de las compañías competidoras del sector.
Normalmente los inversores tienen preferencias claras en sectores concretos y eso hay que
saber aprovecharlo. Además, tenemos que ser capaces de transmitir las fortalezas de nues-
tro valor frente a los de la competencia, explicar, en definitiva, por qué somos más seguros
y rentables; por qué tenemos más futuro y por qué debemos ser merecedores de una mayor
confianza. No hay que olvidar que la base de la confianza es el conocimiento. En síntesis,
debemos tener bien claro lo que hay que decir y practicar una política de transparencia
frente a los nocivos y contraproducentes resultados de la ocultación.
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