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Los fenómenos y cifras anteriores reflejan en suma que la orientación del ahorro de las familias hacía
instrumentos como las acciones o las fórmulas de inversión colectiva es una de las causas, quizá la prin-
cipal, del protagonismo adquirido por los mercados de valores en el sistema financiero español duran-
te la última década. El cambio es, sin duda, estructural y las consecuencias para los mercados, los emi-
sores y los intermediarios han sido trascendentales y sus efectos serán perdurables.
Las cifras vuelven a ser reveladoras en este aspecto: si en 1990, el 40% de los activos financieros de
las familias estaban relacionados directa o indirectamente con la inversión en valores, en 2007 este por-
centaje se acerca al 60%.
Los Fondos de Inversión
El hecho de que entre 1990 y 2007, el valor de las participaciones en Fondos de Inversión en manos
de las familias españolas se haya multiplicado por 33 es reflejo de su atractivo para los ahorradores
minoristas y de que ha disfrutado de un trato favorecedor por parte de los legisladores de la economía
española en los últimos lustros.
No obstante también hay algunos aspectos peculiares, por ejemplo el hecho de que el peso de la
Inversión colectiva en la Bolsa Española es reducida. Considerando el conjunto de Fondos de Inversión,
Fondos de pensiones y Sicavs, solo tienen en sus manos el 7% del valor total de las empresas españo-
las cotizadas al cierre de 2006. Los Fondos de Inversión por si solos apenas representaban un 1,84%.
Probablemente, en alguna medida tiene que ver con la popularización de la inversión directa en accio-
nes españolas por parte de particulares a finales de los 90 y la decisión de las gestoras de diversificar
construyendo sus carteras con elevados porcentajes de valores extranjeros directamente o a través de
participaciones en otros fondos.
Lo cierto es que el balance de los Fondos de Inversión españoles durante el nuevo siglo no es hala-
güeño especialmente en comparación con la edad dorada anterior.
Un futuro prometedor para productos financieros competitivos
Y se avecinan grandes retos y oportunidades. En 2008 se inicia una etapa importante para la indus-
tria financiera española que probablemente se enfrenta a los cambios de mayor calado de las últimas
décadas. La profunda desaceleración del sector inmobiliario español, uno de los factores clave del cre-
cimiento financiero de los últimos años, va a exigir a las entidades y a los inversores españoles un cam-
bio en los modelos de actuación de los últimos años. Mientras los primeros tendrán que revisar su ofer-
ta de productos, los hogares tendrán no solo que revisar su cartera de ahorro a largo plazo sino también
tomar decisiones importantes sobre la futura asignación de sus excedentes.
El campo donde se va a librar esta batalla ha mejorado enormemente para los pequeños inversores.
La profusa producción legislativa de los últimos años, marcada en gran medida por las directivas euro-
peas y calificada en muchas ocasiones de farragosa por la dificultad de seguimiento no sólo por parte
de los usuarios de servicios financieros sino también por los propios profesionales de la industria,
comienza a tener implicaciones importantes y positivas para los inversores, muy especialmente aquellos
denominados minoristas que en realidad son los hogares o familias españolas.
Por otra parte los anunciados cambios en la supervisión financiera suponen un reparto de las com-
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PRÓLOGO