MITOS BURSÁTILES Y BURBUJAS FINANCIERAS
idiosincrasia de cualquier mercado. Sin ella, falta la sal y la pimienta
con que sazonarlos. Lo que ocurre es que como los cocineros, algu-
nos saben hacerlo y otros, no. José de la Vega se refiere
a los embele-
cos de algunos corredores astutos, que si no tuviesen cambiantes de aleves
(alevosía, traición),
no dejarían de merecer ecos de plausibles.
Y digo el
regateo en los mercados y qué otra cosa son todas las técnicas de los
vendedores, ahora llamados
comerciales,
la publicidad, los anuncios,
la venta por teléfono, los llamados
call center,
la venta
a domicilio... su
vecina ya lo ha comprado,
y tantos otros. No hay que confundir esas
prácticas con los timos y las estafas. Del trilero al toco mocho. No.
Son las prácticas de los buenos vendedores. Para promocionar algo o
ponerlo de moda, un coche, una urbanización… se cuasi regala una
casa a alguien de prestigio social o económico, en la seguridad que
atraerá a otros compradores que han ascendido en la escala o quieren
hacerlo. La psicología al servicio de los negocios. Qué otra cosa es el
marketing
y la publicidad. O el flirteo para seducir.
Penétrase la disi-
mulación e, infundiéndoseles nuevo espíritu a los Contraminores, comien-
za el alarido de "que hay corsarios en la costa"
escribe nuestro autor,
para apuntar que hay piratas que se llevan todo lo bueno, para cam-
biar una tendencia y ponerse alcista o
liefhebbere.
José de la Vega da
cuenta de numerosos ejemplos o casos mitológicos, de cebos que
ponen los pescadores y de muchas historias populares:
Halló un sol-
dado de Máximo un bolsillo de cuero colmado de diamantes y, arrojando
los diamantes como piedras, se quedó muy contento con el bolsillo. Vieron
los bárbaros de la India los sacos de oro que estaban enjugando en la playa
los náufragos lusitanos y, robándoles al anochecer la estopa, dejaron pláci-
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