MITOS BURSÁTILES Y BURBUJAS FINANCIERAS
ron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipote-
caban para adquirir las flores, y llegó un momento en que ya no se
intercambiaban bulbos sino que se efectuaba una auténtica especu-
lación financiera mediante notas de crédito. Se publicaron extensos
y bellos catálogos de tulipanes que se intercambiaban en la bolsa de
valores. Todas las clases sociales, desde la alta burguesía hasta los
artesanos, todo el mundo se vio implicado en el fenómeno de esa
fiebre especulativa.
En 1637, el 5 de febrero, un lote de 99 tulipanes de gran rareza se
vendió por 90.000 florines: fue la última gran venta de tulipanes. Al día
siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1.250 florines sin
encontrar comprador. Entonces la burbuja estalló. Los precios comen-
zaron a caer en picado y no hubo manera de recuperar la inversión:
todo el mundo vendía y nadie compraba. Se habían comprometido
enormes deudas para comprar flores que ahora no valían nada. Las
bancarrotas se sucedieron y golpearon a todas las clases sociales. La
falta de garantías de ese curioso mercado financiero, la imposibilidad
de hacer frente a los contratos y el pánico llevaron a la economía holan-
desa a la quiebra. Los tulipanes se convirtieron en objeto de tráfico y la
histeria duró varios años. Se empezaron a cultivar no solo en Holanda
sino también en el extranjero y entre que la oferta empezó a superar a
la demanda y que la moda fue pasando, de repente se comprendió que
los precios a que se estaban pagando tales flores eran absurdos. Y se
produjo el pánico. Los que hasta ahora eran objetos preciosos se con-
virtieron de repente en simples cebollas o bulbos. Y la tulipomanía se
convirtió en una fabulosa especulación.
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