Cotizar en la
Bolsa española
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ESTRUCTURA, ORGANIZACIÓN Y FUNCIONAMIENTO
DEL MERCADO DE VALORES ESPAÑOL
sa cuentan con un valor de mercado objetivo, lo que
las convierte en un instrumento de pago de elevada
liquidez susceptible de ser ofrecido en una operación
financiera, pignoración en la concesión de préstamos,
donaciones, dación en pago, herencias, aportaciones
en especie, retribuciones variables a empleados, etc.
La valoración del mercado supone una valio-
sa referencia para los gestores de la empresa en su
toma de decisiones. Este marco para la valoración de
la empresa ofrece algunas ventajas adicionales. Así,
las compañías pueden permitirse la reinversión de los
beneficios destinados al pago de dividendos, ya que
los inversores disfrutan de un mercado público donde
los beneficios pueden ser realizados por medio de la
venta de valores.
Evidentemente, cotizar en Bolsa supone acceder
a una mayor comunidad inversora. Las empresas que
deciden cotizar en Bolsa cuentan con una base de in-
versores amplia y diferenciada, acostumbrada a inver-
tir en proyectos empresariales y a asumir riesgos. Las
compañías no tendrán que salir a buscar a los inverso-
res uno a uno; en cierto modo, la Bolsa se los aporta, y
por tanto pueden obtener una base de accionistas más
amplia y estable.
El acceso a los distintos tipos de inversores permi-
te a la compañía diseñar en buena medida la compo-
sición de su accionariado y sobre todo, dotarle de una
gran estabilidad.
La capacidad de control sobre esta composición
es máxima cuando la salida a Bolsa se acompaña de
una oferta pública de venta o suscripción en la que se
puede definir con precisión a quién se da entrada en
la empresa.
Como es natural, las transacciones que vayan rea-
lizándose a diario en el mercado modificarán la iden-
tidad de los accionistas y, con el tiempo, incluso la
distribución entre diferentes tipos de inversores. Este
proceso puede ser conocido por la empresa mediante
diversas herramientas.
También la cotización de una empresa en Bolsa
implica una mayor profesionalización de la organiza-
ción por las exigencias que exige el estar cotizando en
el mercado: transparencia y obligación de información.
Las empresas cotizadas están gestionadas por
profesionales cualificados capaces de dirigir la gestión
diaria de la compañía en la búsqueda de la creación
de valor y de transmitir de forma adecuada a los inver-
sores en general y a sus accionistas en particular este
compromiso. Para alcanzar este objetivo hay que to-
mar las decisiones más convenientes para el futuro de
la empresa a medio y largo plazo, sin estar condiciona-
dos por la evolución diaria del valor.
Por ello convertir una empresa en una organiza-
ción profesionalizada es uno de los grandes retos a los
que tienen que enfrentarse muchas de las empresas
que quieren cotizar en Bolsa.
En otro orden de cosas y dentro de las distintas
políticas de incentivos para los empleados que puede
llevar a cabo una empresa, se encuentra la de ofrecer
a éstos la posibilidad de participar en su capital. Incen-
tivar a los trabajadores y otros colectivos con acciones
de la propia empresa, además de una fórmula de gra-
tificación, lo que motivará un interés mayor por parte
del trabajador en la marcha y gestión de la empresa
integrándole de forma más activa en los nuevos planes
y proyectos futuros de desarrollo de la misma. Si las ac-
ciones de la empresa están admitidas en Bolsa se añade
un atractivo esencial para el trabajador: la facilidad de
desinversión mediante su venta en el mercado en cual-
quier momento.
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