sas de intermediación, podría herir de muerte al sector
al perder impacto y potencial de negocio sus informes
de coyuntura, sectoriales o los simples pero tan habi-
tuales comentarios de resultados trimestrales. Según
algunos cálculos de la industria, la caída de facturación
podría alcanzar el 50% sobre cifras actuales.
La medida, que ha suscitado más críticas que
aplausos tanto en el sector financiero británico como
en las principales plazas económicas globales, parece
identificar además el análisis con la recomendación.
Una circunstancia que los analistas financieros recha-
zan de pleno y que en algunos casos llegan a vincular
más estrechamente con las supuestas faltas de im-
parcialidad de las que se los acusa. Quizá por este mo-
tivo, explican varios despachos de gestión de activos,
este supuesto ha quedado fuera de lo que el supervisor
europeo ha planteado para la norma comunitaria.
Desde la ESMA se ha planteado que la implan-
tación de la MiFID II pase porque las sociedades de
valores tan sólo puedan cobrar a terceros por sus in-
formes únicamente si son distribuidos al público en
general y no sólo a clientes, tal y como se acostumbra
a hacer en la actualidad. Una iniciativa que ha susci-
tado un buen aluvión de críticas por la caída de pre-
cios que a la postre significaría que los clientes de una
casa perdiesen la exclusividad y preferencia de acceso
a estos documentos, recomendaciones y comentarios.
Tanto es así que varios gigantes del análisis y la ges-
tión de valores en el Viejo Continente parece que ya
animan a sus propios clientes a que se dirijan directa-
mente hacia las autoridades europeas para mostrar su
oposición a la propuesta del supervisor.
Un rol insustituible que corre peligro
No obstante, parece que todos estos cambios
normativos pasan por alto una de las principales apor-
taciones que el análisis financiero brinda a los merca-
dos: la detección de ineficiencias. Si bien es cierto que
para garantizar esta contribución es necesario salva-
guardar y certificar antes la independencia de los ana-
listas, la pérdida del negocio que hasta ahora suponía
para entidades, sociedades de valores y expertos por
cuenta propia, amenaza con arrinconar su labor y, lo
que es más, reducirla a la mínima expresión dejando
a los mercados huérfanos de su demostrado rol de vi-
gilancia.
Varios estudios, llevados a cabo principalmente
en los mercados estadounidenses, demuestran que la
liquidez, la transparencia y las decisiones financieras
de las compañías cotizadas están directamente re-
lacionadas con el número de analistas que siguen de
cerca sus finanzas y sus cotizaciones. Cuando un ana-
lista financiero deja de cubrir una firma, ésta redu-
ce su inversión en una media del 2,4% sobre el valor
total de sus activos. Además, la menor abundancia
de información sobre la compañía genera una ma-
yor incertidumbre en torno al estado de su balance y
los costes de financiación en el mercado mayorista se
Desde la ESMA se ha planteado que
la implantación de la MiFID II pase
porque las sociedades de valores tan
sólo puedan cobrar a terceros por sus
informes únicamente si son distribuidos
al público en general y no sólo a clientes
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