interconectado y donde son muchas las compañías
que, junto con sus intereses particulares comercia-
les y de inversión, integran en su propia estructu-
ra departamentos de análisis y de gestión de patri-
monios que venden a terceros (conocidos en la jerga
profesional y de manera genérica como
sell-side
).
En cuanto al valor predictivo de los análisis,
muy pocos profesionales fueron capaces de vaticinar
el descalabro financiero que comenzó con la quie-
bra del banco estadounidense Lehman Brothers en
el año 2008. Pero lo mismo ha ocurrido en tiempos
más cercanos, en España y otros países desarrolla-
dos cercanos. No eran precisamente pocos los ana-
listas que se deshacían en elogios y marcaban como
clara oportunidad de compra en su escala de reco-
mendaciones para compañías muy conocidas a las
que no vamos a hacer aquí más publicidad gratuita.
Muchos analistas les otorgaban un generoso poten-
cial sólo unos días antes de que rumores sobre fal-
sedad de cuentas u otras anomalías presuntamente
delictivas, se convirtiesen en una evidencia y su ne-
gociación quedase congelada. Indudablemente no es
responsabilidad de los analistas detectar comporta-
mientos legalmente punibles de los encargados de
refrendar en cifras los negocios que ellos evalúan,
pero parece normal que la opinión pública entienda
que por su experiencia y cercanía con los presuntos
autores de los desmanes y de las técnicas propias del
análisis deberían de ser capaces de detectar los po-
tenciales fraudes con más facilidad que el ciudadano
de a pie. Probablemente ocurra así en muchos ca-
sos que no salgan a la luz pero, por desgracia para la
profesión, para la opinión pública pesa fundamen-
talmente la presencia de casos negativos en los me-
dios, introduciéndose así una amplia sensación de
desconfianza sobre el valor de los análisis y el crite-
rio profesional de quienes los sustentan.
Hasta ahora, la regulación estadounidense y
británica que tienen la merecida fama de ser las más
avanzadas siempre en cuestiones financieras, ha-
bían apostado por la creación de ‘murallas chinas’
que evitaran en lo posible los conflictos de interés
dentro de las grandes casas de inversión. La división
radical entre los departamentos y trabajadores del
área de análisis dirigida a terceros, lo que se cono-
ce como
sell-side
, y los de análisis dirigido a opera-
ciones propias de la entidad o a otras instituciones
financieras directamente asesoradas por esta pri-
mera, lo que se corresponde con el
corporate
y el
buy
side
, se ha convertido en una especie de mantra ge-
neralizado.
En este sentido, una crítica habitual y recu-
rrente a la labor del analista financiero ha sido y
sigue siendo la recomendación de valores en los
que su entidad tendría ciertos intereses, ya fueran
directamente de inversión o comerciales de algún
tipo. Unas acusaciones que buscan fundamento,
pocas veces contrastado, en las posibles presiones
que los analistas recibirían por parte de sus cole-
gas de otros departamentos para conseguir man-
tener otros negocios más rentables con terceros a
costa de maquillar o pasar por alto ciertos factores
La división radical entre los departamentos y trabajadores
del área de análisis dirigida a terceros,
sell-side
, y los de
análisis dirigido a operaciones propias de la entidad o
instituciones directamente asesoradas por esta primera,
corporate
y el
buy side
, se ha convertido en una especie
de mantra generalizado.
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